Los beneficios de la implantación temprana en niños con hipoacusia

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La posibilidad de que un niño con hipoacusia logre desarrollar el lenguaje depende de que pueda escuchar. Detectar a tiempo la pérdida auditiva es importante, pero la implantación temprana es fundamental para conseguirlo. 

Nina Casin tiene cuatro años. Nació con una hipoacusia profunda. Dos días antes de cumplir su primer año recibió el implante que le permite, hoy día, un desarrollo cognitivo, auditivo y del habla acorde con su edad cronológica.

“Soy una ferviente activista de la implantación temprana y oportuna”, dice la fonoaudióloga Flor Montoto, quien además es su mamá. Ella, a quien le detectaron su pérdida auditiva a los 15 meses, pero solo recibió su primer implante a los 27 años, sabe de sobra las ventajas de ello. Su experiencia de vida y su camino laboral la llevaron a trabajar en Cochlear™.

A Flor la respalda la ciencia. “Está demostrado, con estudios hechos en Canadá principalmente, que los chicos que han sido equipados con eficiencia y tempranamente han desarrollado habilidades auditivas y de lenguaje acordes con su edad cronológica en corto plazo, porque la maduración de la vía auditiva se aprovecha de la plasticidad neural”, afirma la audióloga infantil Silvia Mastroianni-Pinto. 

Plasticidad neural. Esas son las palabras claves. “La plasticidad neural es la capacidad del cerebro para desarrollar, en este caso, habilidades auditivas y del lenguaje. Ese desarrollo depende de la edad del paciente. En un bebé la capacidad de aprendizaje es más rápida y mucho mejor que en un niño de cinco años”, explica Mastroianni-Pinto, de ahí la importancia de que un niño que nace con hipoacusia se implante lo más pronto posible.

Implantación temprana en hipoacusia, cuestión de tiempo

Un bebé en gestación empieza a recibir estímulos auditivos a las 16 semanas. Una cifra más clara: a los cuatro meses en el útero de la madre ya oye. Un niño que nace con pérdida auditiva puede ser implantado a los nueve meses. Si se sacan las cuentas, hay una diferencia de casi un año de sonidos y estímulos sonoros entre un niño normoyente y uno con hipoacusia.

“Hay una diferencia entre detectar el sonido, otra cosa es interpretarlos”. Silvia Mastroianni-Pinto. Audióloga infantil.

¿Por qué a los nueve meses? Son las indicaciones médicas de los implantes cocleares las que señalan cuándo es el momento oportuno para la cirugía de implantación. La Food and Drug Administration (FDA), que sirve de guía para la gran mayoría de países de Latinoamérica, señala que debe ser al año, pero para la serie de implantes Cochlear™ Profile Plus 600 (CI600) lo permite antes. 

Sin embargo, la edad de implantación depende de la indicación aprobada en cada país. En algunos, incluso, no existe un límite de edad. Son los profesionales de la salud auditiva, de acuerdo con las condiciones de cada menor, quienes deciden si es posible o no la intervención quirúrgica. 

Lo cierto del caso es que “los periodos de la plasticidad neural son cortos: entre los 0 y los 3 años hay un gran desarrollo del cerebro. Ese es el periodo de mayor plasticidad neural y es ahí cuando deberíamos intervenir. Lograr que el niño esté apropiadamente equipado. Mucho mejor si es antes del primer año de vida, cuando el aprendizaje es mucho mayor”, afirma la audióloga Mastroianni-Pinto. El reto es acortar el tiempo de privación auditiva, pero hay que tener en cuenta las consideraciones médicas y quirúrgicas. 

Los audiólogos tienen una premisa: detectar la hipoacusia antes del mes, diagnosticar antes de los tres meses, intervenir antes de los seis meses de vida. Esa intervención no significa exclusivamente una cirugía. Estimular la audición es, también, parte esencial del proceso.

La estimulación auditiva: el camino del niño con hipoacusia

“La audición es el medio habitual y natural para adquirir el lenguaje oral. En eso se basan todos los aprendizajes superiores, en poder tener un desarrollo del lenguaje acorde con la edad cronológica y madurativa. Eso hace que todos los aprendizajes de lectoescritura se desarrollen en tiempo y forma”. 

Las afirmaciones de la audióloga infantil Silvia Mastroianni-Pinto insisten en la necesidad de los tres pasos ya mencionados: detección, diagnóstico e intervención. Entre el momento de la detección y cuando sea posible realizar el equipamiento, la estimulación auditiva debe ser una prioridad.

“La estimulación temprana tiene que ver con el neurodesarrollo del sistema auditivo central”, agrega la especialista. Los papás deben aprender a comunicarse con los niños con pérdida auditiva. Es una equivocación que los padres, cuando se enteran que hay un riesgo de sordera, dejen de hablarle al niño pensando que es innecesario. 

“Estimular es hablarle. Nombrar al niño, para que sepa que es con él o con ella. Con frases claras, concisas y con entonación. Debe dársele información cuando se le habla. Presentarle sonidos, frases, palabras. No dejarlos solos. Siempre estar pendiente de cómo reaccionan a los sonidos que escuchan, para que le den significado a cada ruido”, agrega Mastroianni-Pinto.

¿Puede aprender a hablar un niño con hipoacusia?

Claro que sí, es la respuesta. 

El proceso de escucha es de una perfección que raya con lo mágico. Vibraciones que se captan y se transforman en impulsos eléctricos que viajan por el nervio auditivo para ser interpretadas luego como sonidos, todo en cuestión de milésimas de segundo. 

“Lo que escucha es el cerebro, así que hay que habilitar la puerta, que se logra con el implante o el audífono. Y a partir de ahí todo es trabajo, esfuerzo y estímulo”, agrega Mastroianni-Pinto.

Flor recuerda el asunto de los tiempos: “El bebé nace auditivamente en el momento del encendido, el oyente escucha desde que estaba en gestación”. 

2 a 3 años es la duración promedio de terapia auditiva para un niño implantado de manera temprana.

El implante es la posibilidad que tienen los niños con hipoacusia de recuperar el tiempo que vivieron en silencio. “Un niño sordo se comunica, claro que sí. Pero cuando los padres preguntan: ¿va a hablar? Pues bueno, lo hará si lo proveemos con lo necesario. Si pueden escuchar a edades tempranas adquirirán el lenguaje más fácil que si se hace después. Para hablar, ese niño necesitará escuchar”, aclara la audióloga. Y esa opción, vale la pena insistir, es el implante auditivo.

Luego seguirá un proceso de habilitación y terapia auditiva. Desde su experiencia, Flor sabe que un niño implantado antes de los tres años logra equipararse rápidamente con otros niños de su edad sin problemas auditivos. “Pero si lo logramos hacer antes podemos tener periodos más cortos de terapia auditiva y un desarrollo auditivo más ajustado al tiempo de los niños normoyentes”.  

Y agrega Mastroianni-Pinto: “Se necesitará terapia, porque ya está desfasado. Un chico con hipoacusia no escuchó nada cuando nació y si lo implantamos a los seis meses ya lleva 10 meses de retraso con respecto a los otros niños”.

Esté atento a la salud auditiva de su hijo, si tiene sospecha de que no escucha correctamente, consulte con el especialista. Recuerde que una intervención a tiempo representará mayores oportunidades de desarrollo neurológico para él.

Tenga en cuenta

Pida consejo a su profesional de la salud acerca de los tratamientos para la hipoacusia. Los resultados pueden variar, y el profesional de la salud le indicará qué factores pueden afectar a sus resultados. Lea siempre las instrucciones de uso. No todos los productos están disponibles en todos los países. Si desea obtener información sobre los productos, póngase en contacto con el representante local de Cochlear.

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